Una organización puede ofrecer pausas activas, beneficios, horarios flexibles, celebraciones y programas de bienestar y, aun así, tener personas que se sienten solas, poco escuchadas o desconectadas de sus equipos. Ahí aparece uno de los grandes puntos ciegos del bienestar laboral: las relaciones cotidianas también forman parte de la salud organizacional. La confianza, el apoyo, la seguridad para hablar, el reconocimiento y el sentido de pertenencia no son detalles secundarios; influyen en la forma en que las personas viven el trabajo cada día. Este artículo explora, desde la evidencia científica, por qué el bienestar no depende solo de lo que una organización ofrece, sino también de la calidad de los vínculos que ayuda a construir.
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