Señales de Alerta y Cambio Cultural: Prevención del Feminicidio y la Violencia hacia la Mujer en Bogotá


La violencia hacia la mujer no es solo un problema individual, es una tragedia social que afecta a miles de familias en Bogotá y en todo el mundo. Cada historia de abuso, cada acto de control y cada feminicidio nos recuerda que la prevención es urgente y necesaria. ¿Cómo podemos reconocer los signos de alerta en una relación antes de que sea demasiado tarde? ¿Qué papel tiene la cultura machista en perpetuar estas tragedias? Este artículo explora estas preguntas desde la psicología social y la neuropsicología, ofreciendo herramientas para identificar y prevenir la violencia antes de que escale, y promoviendo un cambio cultural que garantice la seguridad y dignidad de todas las mujeres.

Signos de Alerta en una Relación de Pareja

Identificar los signos de alerta es esencial para prevenir la escalada de violencia. Según estudios recientes en psicología social, la violencia en las relaciones no comienza de forma extrema, sino que generalmente se manifiesta en conductas sutiles que van escalando. Estos son algunos de los signos de alerta que una mujer debe observar:

  1. Control Excesivo: Una pareja que empieza a monitorear constantemente las actividades, contactos, y decisiones de la mujer, incluyendo con quién sale y qué viste, está dando un primer indicio de control. Este tipo de comportamiento, basado en la necesidad de posesividad, limita la autonomía de la mujer y es un signo temprano de una relación que podría escalar a la violencia.
  2. Aislamiento Social: Cuando una pareja intenta alejar a la mujer de sus amigos, familiares o redes de apoyo, se convierte en un riesgo significativo. El aislamiento es una táctica utilizada para aumentar la dependencia emocional y reducir el acceso a ayuda o soporte externo, un factor que aumenta la vulnerabilidad de la víctima.
  3. Agresiones Verbal y Psicológica: Insultos, humillaciones, o devaluaciones constantes también son signos de alerta. Según investigaciones neuropsicológicas, la agresión verbal genera cambios en la manera en que la víctima percibe la realidad, afectando la autoestima y haciéndola más proclive a aceptar situaciones de abuso más graves.
  4. Celos Patológicos: Los celos excesivos, que en ocasiones son interpretados como una demostración de amor, son en realidad una manifestación de inseguridad y un deseo de control. Los celos suelen convertirse en el pretexto para la violencia.
  5. Amenazas y Manipulación Emocional: Las amenazas, tanto directas como indirectas, y el uso de manipulación emocional para controlar a la pareja, son indicativos claros de una relación disfuncional. Esto puede incluir amenazas de hacer daño a la mujer, a sus seres queridos o incluso a sí mismo si ella decide dejar la relación.
  6. Violencia Física Inicial: Empujones, agarrones o acciones aparentemente «menores» de violencia física son graves indicadores de una escalada a formas más serias de agresión. Estudios neuropsicológicos han demostrado que, una vez la violencia física se presenta por primera vez, la posibilidad de que se repita y se intensifique es extremadamente alta.

Impacto de la Cultura Machista en la Violencia hacia la Mujer en Bogotá

La cultura machista sigue teniendo un peso considerable en la sociedad bogotana y es uno de los principales catalizadores de la violencia hacia la mujer. Desde la psicología social, se entiende que el machismo establece un sistema de creencias que naturaliza y justifica conductas de control y abuso hacia las mujeres. Estas creencias se perpetúan a través de la familia, el entorno educativo y los medios de comunicación, creando un ambiente donde la violencia es aceptada y normalizada.

En Bogotá, aunque ha habido avances significativos en términos de igualdad de género, muchas actitudes y estereotipos persisten. Por ejemplo, la idea de que el hombre debe ser el proveedor y la mujer debe obedecer y estar relegada al espacio doméstico sigue presente en muchas comunidades. Estos roles tradicionales generan una dinámica de poder desigual que facilita el abuso.

Además, la neuropsicología ha evidenciado que las experiencias tempranas y la socialización influyen en la configuración de los patrones de comportamiento. Los hombres que crecen en un entorno donde se valida la violencia como una forma de resolver conflictos tienen mayores probabilidades de replicar ese comportamiento en sus relaciones. De igual forma, las mujeres expuestas a la violencia desde edades tempranas tienden a desarrollar una mayor tolerancia al abuso, lo cual aumenta su vulnerabilidad.

El impacto del machismo no solo se da en las relaciones de pareja, sino también en la respuesta institucional. Muchas veces las mujeres enfrentan barreras significativas para denunciar, ya sea por falta de confianza en las instituciones o por el temor a no ser escuchadas. El sesgo institucional, donde se minimizan las denuncias de las mujeres, también es un reflejo de las creencias machistas que predominan.

Prevención y Cambio Cultural

Para prevenir la violencia hacia la mujer y el feminicidio, es fundamental apostar por un cambio cultural profundo. Esto implica educar a la sociedad desde una perspectiva de igualdad de género y respeto mutuo. La educación en masculinidades no violentas es una herramienta clave para cambiar el paradigma que asocia el poder y la dominación con la masculinidad.

Desde el ámbito familiar, es importante enseñar a los niños y niñas sobre el respeto y la equidad, promoviendo relaciones saludables basadas en la comunicación y la empatía. En Bogotá, se han venido implementando programas de sensibilización y educación en igualdad de género, pero es necesario un mayor compromiso de toda la sociedad para cambiar el imaginario colectivo que valida el machismo.

Por último, es esencial que las mujeres conozcan y accedan a las rutas de apoyo y protección, y que sepan que cuentan con herramientas como la Línea Púrpura, una línea de atención gratuita ofrecida por la Alcaldía Mayor de Bogotá (018000 112137 o WhatsApp 300 755 1846), que brinda apoyo psicológico y orientación para mujeres en situación de violencia, y que la sociedad entienda que la violencia no es un problema privado, sino una situación que nos involucra a todos. La construcción de una Bogotá libre de violencia hacia la mujer comienza en casa, pero también requiere el compromiso de instituciones, comunidades y de cada ciudadano.

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