La educación en los primeros años de vida juega un papel fundamental en el desarrollo de los niños, pero ¿cómo podemos adaptarla a las necesidades de la generación Alfa, que crece inmersa en un entorno digital y sobreestimulado? En este artículo, exploraremos cómo las estrategias pedagógicas tradicionales, centradas en la disciplina y el trabajo individual, deben evolucionar para captar la atención de los niños en la era digital. Gracias a los avances en neurociencia, hoy sabemos que el movimiento, la interacción social y la motivación adecuada son claves para un aprendizaje efectivo. ¡Sigue leyendo y descubre cómo transformar el aula en un espacio donde los niños realmente aprenden mientras se divierten!
Tradicionalmente la educación de preescolar y primaria en Colombia se centra en fomentar el trabajo individual y la disciplina porque los niños pequeños tienden a distraerse con mayor facilidad y los profesores deben controlar durante aproximadamente hora y media grandes grupos de niños en aulas reducidas. Mantener la disciplina implica estrategias como prohibir que los niños se levanten del puesto, que hablen entre sí o que interrumpan la clase para preguntar.
“Oigo y olvido, veo y recuerdo; hago y aprendo”
Confucio

En muchas instituciones educativas, las actividades pedagógicas se centran en clases magistrales con ejercicios de mesa, copiar del tablero, hacer dictados o ejercicios de preguntas y respuestas orales controladas por el profesor. Sin embargo, los niños de la generación Alfa, la primera nativa 100% digital, han crecido expuestos a una sobreestimulación tecnológica, lo que convierte en un reto desarrollar estrategias pedagógicas que capten su atención. Afortunadamente, en los últimos 20 años, la neurociencia ha realizado descubrimientos que pueden fortalecer nuestro conocimiento acerca de las mejores estrategias pedagógicas para favorecer la atención y el aprendizaje de los niños. Revisemos cada una:
Movimiento: En la antigüedad se sabía que la actividad física facilita el aprendizaje, como se evidencia desde Aristóteles en sus paseos peripatéticos. Actualmente, la neurociencia confirma este conocimiento; un alumno sentado puede entender y mantener la atención por aproximadamente 15 minutos, pero aprende poco. Por el contrario, las actividades prácticas que involucran el cuerpo y permiten a los alumnos intercambiar información entre compañeros y profesor, mejoran la eficacia y garantizan que los alumnos mantengan la atención. Es necesario diseñar actividades que permitan a los estudiantes aprender mientras se mueven y se comunican de forma verbal o escrita.
Duración de las actividades de aprendizaje: Es importante evitar actividades que duren más de 20 minutos, ya que después de este período, el cerebro tiende a perder la atención. Conviene hacer intervalos; desarrollar la actividad de enseñanza, descansar o jugar y finalmente reiniciar la actividad. Sin atención, no hay aprendizaje.
Enseñar al alumno a jugar el rol del profesor: Esto puede hacerse con sus compañeros de clase o con niños de cursos inferiores. Todos se benefician: los niños de la clase refuerzan su aprendizaje y sus compañeros-alumnos tienen la oportunidad de aprender mediante un método de enseñanza social. En algunos contextos, los mejores profesores son los amigos de la clase.
Memorización comprensiva: Los niños aprenden más fácilmente cuando comprenden los contenidos y saben cómo aplicarlos en diferentes situaciones problemáticas.
Motivación: El lóbulo frontal de un niño menor de 10 años es inmaduro, lo que dificulta controlar su comportamiento porque sus capacidades de planificación, anticipación y valoración de las consecuencias están disminuidas. Por esto, utilizar la amenaza con los padres o con los directores para que un niño se esfuerce por mantener la atención en clase no es una estrategia eficiente de motivación.
La mejor estrategia es hacer la clase llamativa y novedosa, ya que la atención es el primer factor que influye en el aprendizaje, pero es cíclica; neurológicamente, el cerebro realiza introspección y la atención tiende a perderse cada 15 minutos. Si la metodología de clase no llama la atención del niño permanentemente, este se distrae, no aprende y se desmotiva.
El juego y el trabajo en grupo son dos excelentes estrategias para mantener la motivación. El refuerzo social inmediato entre compañeros motiva el desempeño individual y colectivo, y este tipo de actividades liberan dopamina en el cerebro, neurotransmisor que potencia el optimismo, la felicidad y el aprendizaje. Somos seres sociales y cuando unimos esfuerzos, nuestra capacidad de crear y de aprender se multiplica.
Repetición: La repetición permite consolidar las redes neuronales y, por lo tanto, el aprendizaje. Los temas se deben fragmentar y entregar de forma espaciada, dando continuidad y utilizando diferentes campos de memoria, como visual, auditiva, perceptiva, comunicativa, etc.
“la educación ante todo es contexto y luego contenido”
Rodolfo Llinás
Indiscutiblemente, la educación es un campo interdisciplinario de impacto social. Nos compete a padres, maestros, profesionales de distintas áreas y a la sociedad buscar mejores estrategias para educar, que estimulen la individualidad, la creatividad, el aprendizaje y el desarrollo de las capacidades innatas que tienen los niños en sus primeros años de escolaridad.
Referencias Bibliográficas
Baddeley, A. D., Eysenck, M. W., & Anderson, M. C. (2014). Memory. Psychology Press.
Brown, S. L., & Vaughan, C. (2009). Play: How It Shapes the Brain, Opens the Imagination, and Invigorates the Soul. Avery.
Hirsh-Pasek, K., & Golinkoff, R. M. (2003). Einstein Never Used Flash Cards: How Our Children Really Learn – and Why They Need to Play More and Memorize Less. Rodale Books.
Jensen, E. (2005). Teaching with the Brain in Mind. ASCD.
Medina, J. (2008). Brain Rules: 12 Principles for Surviving and Thriving at Work, Home, and School. Pear Press.
Posner, M. I., & Rothbart, M. K. (2007). Educating the Human Brain. APA Books.
Ratey, J. J. (2008). Spark: The Revolutionary New Science of Exercise and the Brain. Little, Brown and Company.
Sousa, D. A. (2011). How the Brain Learns. Corwin Press.
Willingham, D. T. (2009). Why Don’t Students Like School? A Cognitive Scientist Answers Questions About How the Mind Works and What It Means for the Classroom. Jossey-Bass.
Zadina, J. N. (2014). Multiple Pathways to the Student Brain: Energizing and Enhancing Instruction. Jossey-Bass.
Descubre más desde Carolina León
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Pingback: Efectos de los videojuegos en el desarrollo del cerebro y el aprendizaje – Carolina León
Pingback: ¿COMO INFLUYE LA FAMILIA EN EL DESARROLLO DE LA CREATIVIDAD DE LOS NIÑOS? – Carolina León
Pingback: ¿Qué es Síndrome de Afluencia? – Carolina León
Pingback: ¿Qué hacer cuando un niño llora por todo? – Carolina León
Pingback: ¿Cómo incentivar la independencia emocional en la pubertad? – Carolina León