En una forma de abuso emocional particularmente devastadora, la violencia vicaria utiliza a los seres queridos –hijos, familiares o mascotas– como herramientas para infligir dolor y controlar a una persona, especialmente en situaciones de separación o conflicto familiar. En este artículo exploraremos las señales de alerta, mecanismos de prevención y los patrones psicológicos que caracterizan a los agresores en este tipo de violencia, además de abordar la tragedia del caso de Darwin Felipe Beltrán en Bogotá. Este evento desgarrador ejemplifica el impacto de la violencia vicaria y subraya la urgente necesidad de apoyo psicológico, prevención legal y sensibilidad social para proteger a las víctimas y evitar que seres vulnerables sean utilizados como instrumentos de control.
La violencia vicaria es una forma de abuso donde el agresor instrumentaliza a seres queridos de una persona –usualmente hijos, padres o mascotas– para causarle daño emocional. Este tipo de violencia se manifiesta en contextos familiares y de relaciones de pareja, especialmente en procesos de separación o divorcio. La violencia vicaria busca desestabilizar a la víctima y ejercer control mediante el sufrimiento de aquellos a quienes más ama. A continuación, exploraremos las señales de alerta, mecanismos de prevención y protección, y los patrones psicológicos de los agresores según los últimos avances en psicología familiar, social y neuropsicología.

Señales de Alerta de la Violencia Vicaria
Reconocer las señales de violencia vicaria es esencial para intervenir de forma temprana y proteger a las víctimas. Algunas señales incluyen:
- Amenazas o Manipulación Emocional: El agresor puede amenazar con alejar o dañar a los hijos, mascotas u otros seres queridos de la víctima. Esto puede incluir amenazas de impedir el contacto o el derecho de visita en el caso de hijos compartidos.
- Control Sobre los Seres Queridos: La persona agresora ejerce control excesivo sobre los hijos o seres queridos, influyendo en sus relaciones, rutinas, o en la comunicación entre la víctima y estos. Por ejemplo, restringir llamadas o encuentros con familiares, y decidir unilateralmente sobre el cuidado de los hijos.
- Descalificación y Alienación Parental: Los agresores suelen intentar desprestigiar a la víctima frente a los hijos, lo que se conoce como alienación parental. Esta manipulación emocional afecta el vínculo entre la víctima y los seres queridos, buscando que el agredido se sienta aislado y sin apoyo.
- Uso de la Situación Legal o Custodia como Arma: La violencia vicaria se evidencia también cuando el agresor utiliza demandas legales, como custodia de los hijos o permisos de visita, como herramientas de manipulación. Estos procesos suelen ser prolongados y emocionalmente agotadores para la víctima.
- Amenazas Veladas o Manipulación de Emociones: A menudo, el agresor usa frases indirectas para insinuar que puede dañar a los seres queridos de la víctima, generando ansiedad y miedo en la víctima.
Mecanismos de Prevención y Protección
La prevención y protección ante la violencia vicaria requieren de un enfoque multidisciplinario que incluya el apoyo de psicólogos, abogados, y redes de apoyo comunitarias. Algunas medidas de prevención y protección incluyen:
- Educación y Concienciación: Informar a la sociedad sobre la violencia vicaria y sus efectos en las víctimas es el primer paso para prevenirla. Programas de concienciación en escuelas, comunidades y medios de comunicación pueden ayudar a reconocer los signos de alerta.
- Redes de Apoyo y Consejería Legal: Contar con redes de apoyo, como grupos de ayuda, amigos y familiares, fortalece la resiliencia de las víctimas. Además, es crucial asesorarse legalmente para proteger los derechos de los hijos y prevenir acciones legales abusivas por parte del agresor.
- Medidas de Protección para los Hijos: Las autoridades pueden implementar medidas de protección para los hijos, tales como visitas supervisadas o restricciones en la custodia cuando hay pruebas de manipulación o abuso emocional. El bienestar de los hijos debe ser una prioridad, protegiéndolos del impacto psicológico de la violencia vicaria.
- Apoyo Psicológico y Terapia Familiar: El tratamiento psicológico, tanto para las víctimas como para sus hijos, es esencial para mitigar el impacto de la violencia vicaria. La terapia familiar puede ayudar a los hijos a comprender y procesar sus experiencias, reduciendo el riesgo de traumas a largo plazo.
- Documentación y Evidencias: Es fundamental que las víctimas documenten amenazas, abusos y manipulaciones mediante correos electrónicos, mensajes, o cualquier otra prueba tangible que pueda ser utilizada en procesos legales.
Características del Agresor en la Violencia Vicaria
Desde la psicología social y la neuropsicología, se han identificado ciertos rasgos y patrones de comportamiento en los agresores que cometen violencia vicaria:
- Personalidad Narcisista o Psicopática: Los agresores suelen presentar rasgos de narcisismo o psicopatía, caracterizados por la falta de empatía, el sentido de grandiosidad y la manipulación. Su objetivo es obtener poder y control sobre la víctima, y no consideran el impacto de sus actos en los hijos o en otros seres queridos.
- Necesidad de Control y Dominación: Estos agresores suelen tener una necesidad extrema de dominar a la víctima, utilizando a los hijos o seres queridos como una forma de coacción. En muchos casos, ven a sus hijos como una extensión de sí mismos y no como individuos con sus propios derechos.
- Propensión a la Manipulación Emocional: Los agresores suelen ser expertos en manipulación emocional, utilizando tácticas como la descalificación, la alienación y la intimidación para debilitar la autoestima y la autonomía de la víctima. Estas tácticas buscan hacer que la víctima dependa emocionalmente del agresor.
- Distorsión Cognitiva y Justificación de la Violencia: Los agresores justifican sus actos de violencia mediante distorsiones cognitivas, creyendo que sus acciones están «justificadas» por el comportamiento de la víctima o que son necesarias para «proteger» a sus hijos. Esta racionalización les permite evadir la responsabilidad moral y legal de sus acciones.
- Falta de Empatía y Desensibilización: La neuropsicología muestra que algunos agresores presentan una falta de respuesta emocional hacia el sufrimiento ajeno. Esta desensibilización contribuye a su capacidad para instrumentalizar a seres queridos, ya que no perciben el daño emocional que están causando.
La Estructura de Poder y Control sobre la Víctima
La violencia vicaria no solo es un acto de manipulación emocional, sino que también implica una estructura de poder donde el agresor busca mantener el control absoluto sobre la víctima. Este control se ejerce a través de diversas tácticas:
- Aislamiento Social y Afectivo: Al alienar a los hijos y otros seres queridos de la víctima, el agresor busca que esta se sienta sola y vulnerable. Esta estrategia hace que la víctima dependa emocionalmente del agresor o que se sienta sin opciones para salir de la situación de abuso.
- Desgaste Emocional y Psicológico: Al prolongar conflictos legales o familiares, el agresor crea una situación de tensión constante para la víctima, minando su capacidad de respuesta y su salud mental. Este desgaste busca debilitar a la víctima, haciéndola más susceptible a la manipulación.
- Deslegitimación y Desprestigio: La violencia vicaria frecuentemente incluye el intento de desprestigiar a la víctima frente a los hijos, cuestionando su rol como padre o madre y buscando que los hijos adopten una imagen negativa de ella. Esta táctica no solo lastima emocionalmente a la víctima, sino que también altera el vínculo con los hijos.
El Caso de Darwin Felipe Beltrán: Una Tragedia de Violencia Vicaria y la Urgente Necesidad de Prevención
El caso de Darwin Felipe Beltrán, quien en un trágico acto de violencia asesinó a sus dos hijos en el barrio Las Ferias de Bogotá, es una manifestación extrema de violencia vicaria. La violencia vicaria se define como el acto de utilizar a seres queridos, especialmente a los hijos, para infligir el mayor daño emocional posible a una persona cercana, en este caso, la madre de los niños. Este tipo de violencia busca controlar y destruir psicológicamente a la víctima, instrumentalizando a quienes más ama y generando un sufrimiento irreparable.
En el contexto de este caso, la violencia vicaria se tradujo en un ataque devastador, donde el padre de los niños los convirtió en herramientas de venganza y control. En situaciones de separación o conflicto de pareja, como parece haber sido en este caso, los hijos se convierten en las figuras más vulnerables, quedando atrapados en el intento de uno de los progenitores de dañar al otro mediante su dolor. La intención de infligir un sufrimiento profundo y permanente al otro progenitor refleja el patrón descrito en el artículo sobre cómo los agresores usan a los hijos para ejercer poder y controlar emocionalmente a la víctima.
Los especialistas en psicología familiar y neuropsicología han identificado que este tipo de agresores suelen presentar rasgos de falta de empatía, impulsividad y una necesidad extrema de control, características que permiten llevar a cabo actos de esta magnitud. La neuropsicología sugiere que, en algunos casos, la capacidad de empatizar con el sufrimiento ajeno puede estar atrofiada en estos individuos, facilitando que perciban a sus propios hijos como herramientas para lograr su objetivo de causar un daño profundo y permanente.
El caso de Darwin Felipe Beltrán pone en evidencia las señales de alerta de la violencia vicaria y la importancia de reconocer sus patrones para evitar tragedias similares. Amenazas, manipulaciones y control sobre los hijos o seres queridos son indicadores de riesgo que deben ser tomados en serio por el entorno familiar y las autoridades. Además, este caso subraya la necesidad de implementar mecanismos de prevención y protección efectivos que prioricen el bienestar de los menores y protejan a las víctimas potenciales en situaciones de conflicto familiar intenso.
Este trágico evento también deja en claro que la violencia vicaria puede tener consecuencias devastadoras para las familias y la sociedad en su conjunto, y nos recuerda la urgente necesidad de concienciación y recursos en los sistemas legales, psicológicos y de apoyo social para evitar que los menores sean utilizados como herramientas de abuso en conflictos de pareja. El caso de Darwin Felipe Beltrán es un llamado para que todos los actores involucrados en la protección de los derechos de los niños y de las víctimas de violencia vicaria actúen con prontitud y sensibilidad, con el fin de prevenir y combatir este tipo de violencia en todas sus formas.
Conclusión
La violencia vicaria es una forma de abuso altamente dañina y compleja, que afecta no solo a la víctima directa, sino también a los seres queridos que se ven instrumentalizados en el proceso. Comprender las señales de alerta, implementar mecanismos de prevención y conocer las características de los agresores es crucial para ofrecer el apoyo necesario y frenar esta forma de violencia. Con un enfoque basado en la empatía, el apoyo psicológico y las herramientas legales adecuadas, es posible proteger a las víctimas y promover un ambiente seguro y libre de control y manipulación.
Referencias Bibliográficas
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